martes, 18 de septiembre de 2012

Aquí pues, un amigo.







Esto es, más que otra cosa, mi rendición y una invitación.

Mi rendición a un sin fin de mecanismos arcaicos para mi espíritu. Sistema lleno de artificios para mantener a la gente cautiva, mi rendición a tratar de convencer a otros de que vean lo que yo veo, escuchen como yo escucho, sientan como yo siento, entiendan lo que yo entiendo y abrir mi conciencia a que los demás la alcancen. Es inútil.  Así como Zaratustra, Yo, me he adelantado. 

Esos grandes maestros y profetas, aquellos viejos sabios, y grandes amigos, hablan a través de su huella en esta realidad y si pones atención se escucha su canto y su bello murmullo cuando sopla el viento. El maestro Viento. Todo está ahí, esperando ser descubierto. Esperando con paciencia a que alguien con la suficiente calma y claridad pueda oír su eterno canto. El tenue murmullo de la verdad.

Ahora más que nunca se oyen sus voces, veo sus siluetas, escucho sus bellas melodías. Me despiertan sus dulces pensamientos, le dan vida a mi espíritu. Hacen recordar la verdad. Cosas que nunca debieron olvidarse se perdieron. La barrera de la desmemoria nos acecha siempre, pero hay quienes alguna vez descubrimos Las Verdades del Ama y dejamos vestigios para nuestras futuras visitas. Toda esta ahí, esperando el eterno retorno. Nuestro continuo regreso. Nuestro hilo de Ariadna que nos salva del sin sentido, y más que salvarnos, nos recuerda que tal cosa no existe. Como dicen los Astrónomos, pertenecemos a una realidad más rica que todo lo que hayamos conocido y aparentemente, cuasi obligatorio, más extraña.


Así es, yo que he visto, yo que he escuchado, renuncio a hacer de mi vida algo ordinario. Soy y somos más que eso. Hay que recordar.
Aquí es donde el camino del hombre se divide, si quieres conocer la paz y la felicidad, adopta una fe. Si quieres ser discípulo de la Verdad, sal a buscarla. 
Renuncio a una fe y a una moral. Renuncio a cargar esos viejos lastres acuñados por una sociedad en pañales y refinada por los magnates que crean necesidades para satisfacer mercados que no necesita el hombre. Sin duda el hombre es algo que tiene que ser superado.

Si nos damos cuenta más de la mitad de nuestras vidas no nos sirven para nada. Su única función es mantenernos cautivos y mantener en un sistema al 3% de la población, a no cumplir nuestros sueños, a forjar mentes que nos auto engañen con modas, sociedades y estúpidos romances inútiles. A dividirnos, por clases, por razas y ahora como si fuera poco, el tiro de gracia, a dividirnos por género.

Al pastor no le molestan las ovejas negras mientras estén dentro del rebaño. Incluso no le molesta los leones disfrazados de ovejas. Todos están en orden en el rebaño. Al pastor y al rebaño les molesta la libertad.

Juegos y roles sociales, romances efímeros, darle a mi prójimo antes que a uno,  poner la otra mejilla, modas… El Principito decía que lo esencial es invisible a los ojos. Pero erró. Lo importante está detrás de todo eso. Es lo último que quieren que sepas.  Pon atención ahí está todo lo que necesitas. Escucha con atención y pronto sabrán guiarte a donde necesitas ir, a forjar una realidad distinta dentro de este mundo.





La Invitación



Exhorto a todos aquellos hombres que estén cansados de la lucha diaria, de la “vida” que nos han hecho creer. De tener que abandonar su esencia por tratar de formar una familia, de mantener algo, de necesitar querer algo. A todos aquellos hombres, que hayan dejado su vida a un lado por tener (que dura palabra) que hacer algo que deben… a todos aquellos, los invito a que dejen esos papeles en el escenario, y bajen de la tarima al suculento jardín de las posibilidades.

Les ofrezco amistad y nada más que eso, todo lo que soy y lo que no soy, lo que seré y lo que jamás será parte de mí. Permítanme verlos a los ojos y ver un amigo en quien confiar y más que confiar, con quien ser y compartir. Permitan verse como amigos,  dejando detrás las competencias como un viejo vestigio de lo que alguna vez fue y ya no más. ¡Oh! noble ser que es el hombre, en él está todo un universo, una gran inteligencia, una gran agudeza de sentidos y perspectivas, la nobleza hecha carne. La infinita fuente de gloria, de espíritu imperturbable. El único ser capaz de superarse a sí mismo. Los dioses del Edén.

Eso es lo único que necesitamos. Un amigo. La invitación no es para todos, es para aquellos que más que pedirlo, lo necesitan, aquellos que ven el mundo como un callejón sin salida, los que han estado frente a las puertas del infierno o para aquellos que las han cruzado, aquellos que regresaron del manicomio de la desesperación con paranoia, para aquellos viajeros que han estado en tierras inhóspitas pero más que nada, almas libres y sedientas de vida. Para ellos.

Aquellos que escuchen este llamado encontraran respuesta, y aquí pues, un amigo.